Un nuevo golpe sacude la escena competitiva de Counter-Strike 2: la organización francesa 3DMAX confirmó que fue víctima de un fraude interno ligado a un antiguo socio, con pérdidas de “seis cifras, cerca de siete”, es decir, un monto que se acerca al millón de dólares.

La revelación la hizo Stéphane Pons, director general del club, en una entrevista donde detalló que el daño afectó directamente el flujo de caja del equipo.

Según Pons, “desaparecieron” los ingresos que sostienen la operación diaria: premios de torneos y, especialmente sensible en CS2, el dinero asociado a los stickers del Major. Ese rubro es crucial porque, en los Majors, los equipos reciben una parte relevante de las ventas de cápsulas y pegatinas, convirtiéndose en una de las fuentes más grandes de financiación para rosters y estructuras.


Pons explicó que detectó movimientos anormales y tomó medidas para bloquear ingresos y limitar el daño mientras se evaluaba el alcance del fraude. El club afirma que ya activó la vía judicial y que el objetivo es recuperar lo perdido. En paralelo, la directiva asegura que el impacto no lo pagarán los jugadores: Pons y el propietario del club se comprometieron a cubrir el 100% del monto faltante para proteger al roster.

El caso reabre una conversación incómoda en esports: los equipos pueden tener resultados en servidor y aun así quedar vulnerables por fallas de control financiero. Para la escena, la lección es clara: la profesionalización ya no es solo rendimiento competitivo, también es gobernanza, auditoría y trazabilidad del dinero.



































