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Más nómina, más exigencia: la oportunidad silenciosa del salario mínimo en el juego

Fecha de publicación: 2026-01-20
Empujemos para el mismo lado

En la industria del juego, el aumento del salario mínimo suele verse como un golpe directo a la caja: más nómina, más prestaciones, más presión en un negocio donde cada punto de ocupación cuenta. Pero hay un ángulo que casi nadie está diciendo en voz alta, y puede sorprender: este incremento también puede ser una oportunidad para elevar la calidad operativa, justo cuando el costo del talento se vuelve imposible de ignorar.

Hoy el salario mínimo 2026 está vigente. Más allá de las discusiones y demandas que puedan venir contra el decreto, la realidad es que el operador ya está pagando más. Para ponerlo en números simples: en 2025 el ingreso mínimo (salario + auxilio) era de $1.623.500; en 2026 pasó a $2.000.000. La diferencia es de $376.500 por persona al mes, antes de cualquier carga adicional. Si una sala tiene 25 colaboradores en ese rango, el solo salto mensual se acerca a $9,4 millones; en un año, cerca de $113 millones. Esto no es un detalle contable: es un llamado a administrar con lupa.

Y aquí viene la parte incómoda, pero necesaria, tratada con respeto: cuando una empresa invierte más en nómina, es razonable esperar más valor a cambio, no por imposición ni por “mano dura”, sino por supervivencia. No se trata de perseguir a nadie, ni de convertir el trabajo en una carrera de miedo. Se trata de profesionalizar y cuidar el negocio para que el empleo sea sostenible.

El operador puede aprovechar este momento para revisar funciones y hábitos que se toleran por inercia: cargos sin impacto real, rutinas que no agregan al cliente, retrasos normalizados, falta de seguimiento, errores repetidos en caja, mantenimiento reactivo, respuestas lentas al jugador. No para “salir de gente”, sino para hacer lo correcto: definir estándares claros, capacitar, medir con indicadores sencillos (tiempos de atención, incidentes, quejas, cumplimiento de protocolos), reconocer al que aporta y acompañar con planes de mejora al que está rezagado.

En juego, la ventaja competitiva no siempre está en la máquina: está en la experiencia. Un salario mínimo más alto puede ser el impulso para alinear al equipo hacia servicio, orden y cumplimiento. Cuidar la empresa, hoy, es la inversión segura que protege el empleo y al empleador mañana.


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