Blizzard acaba de soltar una bomba para los veteranos: diablo II: resurrected recibe su primera clase nueva en más de 25 años, el warlock, dentro del dlc reign of the warlock. No es solo “un personaje más”: la expansión viene con ajustes de endgame y herramientas de calidad de vida que apuntan directo al dolor histórico del farmeo y el theorycraft.

En términos de gameplay, el warlock está diseñado para jugadores que disfrutan el control del ritmo de pelea y el micro: puede especializarse en tres árboles —demon (vinculación/“pet class”), eldritch (hexes y manipulación de armas) y chaos (hellfire/void a distancia).
En demon, por ejemplo, puede esclavizar criaturas como goatmen, tainted y defiler, potenciarlas con skills o incluso consumir al demonio ligado para buffearse.

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El árbol eldritch se siente como un híbrido entre caster y melee “tech”: imbuye armamento con maldiciones que drenan, debilitan o hacen explotar enemigos, y además permite crear duplicados etéreos del arma o lanzarla con precisión. La parte más “rota” (en el buen sentido) es el pasivo: el warlock levita el arma para poder usar una two-handed en una mano y llevar off-hand al mismo tiempo, abriendo combinaciones de daño/defensa que antes no existían en d2.

Fuera del kit, el dlc trae el paquete que la comunidad pedía hace años: loot filter personalizable, stash tabs ampliadas (incluyendo manejo más cómodo de recursos) y el sistema chronicle para ver, a nivel de cuenta, el progreso de ítems coleccionados. También hay terror zones actualizadas y un desafío endgame nuevo, los colossal ancients, pensado para builds finos y parties que ya viven en “late ladder”.
Dato extra: Blizzard también empuja el salto de plataforma, con mención de disponibilidad en steam y entrada del juego base a xbox game pass (el dlc va aparte).






































