Las apuestas deportivas llegaron para quedarse porque dejaron de ser “un extra” del deporte y se volvieron parte del ritual: previa, live, memes, conversación y microdecisiones desde el celular. Hoy, para millones de adultos, apostar no reemplaza ver el partido; lo acompaña. Es la misma lógica que transformó música y video: cuando el acceso es inmediato, el hábito se instala.

Ese cambio cultural explica por qué los gobiernos pasaron de discutirlo en clave moral a gestionarlo como política pública: si existe demanda, lo inteligente es ordenarla, auditarla, hacerla trazable y convertirla en recursos para fines colectivos. Regulación no es promoción: es control, verificación de edad y recaudo.

Colombia es un caso claro. En 2025, los 14 operadores de juegos en línea autorizados por Coljuegos transfirieron a la Nación un estimado de $1,35 billones COP por IVA, con un recaudo mensual promedio superior a $123.100 millones; y, además, se sumaron cerca de $361.948 millones COP transferidos al sistema de salud por rentas del monopolio. Eso es literalmente el Estado leyendo el fenómeno como fuente de financiación y no como una moda.

Y no es solo lo digital: el ecosistema regulado completo empuja caja social. Coljuegos reportó que en 2025 los bingos y casinos transfirieron un estimado de $378.268 millones COP para salud (39% del recaudo del sector), con un país que opera cerca de 109.000 máquinas legales en más de 3.700 establecimientos. En lo territorial, chance, loterías y Raspa&Listo aportaron $649.465 millones COP a la salud subsidiada (y pagaron $1,68 billones COP en premios), reforzando la idea de “industria” y no de anécdota.
A escala global, el patrón se repite: cuando se regula, el flujo fiscal se vuelve estructural. En EE. UU., el total 2025 de apuestas deportivas llegó a US$626,95 mil millones en handle, con US$56,16 mil millones en ingresos brutos y US$11,26 mil millones en impuestos reportados en agregados del mercado. Eso ya es presupuesto, no tendencia.
El enfoque benigno funciona si se sostiene el “contrato”: apuestas solo para adultos, controles reales, prevención, juego responsable y combate a la ilegalidad. Si eso se cumple, las apuestas deportivas no solo “se quedan”: se institucionalizan.





















