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Coljuegos: ¿Quiere “homologar”por su cuenta máquinas usadas, viejas o recientes?

Fecha de publicación: 2026-01-30

Homologación no es un trámite personal: por qué un operador no puede “certificar” por su cuenta máquinas usadas, viejas o recientes

A mi correo llega esta pregunta a raíz de lo que está sucediendo y es muy apropiado responderla.

Doctora Laura buenas noches , soy fiel lectora suya y la felicito por la labor que lleva en la página de Mundovideo, es única y acertada ; estamos muy preocupados con respecto a la homologación y quisiera que me informara cual es el proceso para hacer el trámite para unas máquinas que tengo, le agradezco si me ayuda”

Estimada lectora le voy a dar un panorama muy general pero voy a tocar puntos; antes el contexto:

En Colombia, el mensaje regulatorio que viene tomando fuerza en el mercado de juegos localizados es simple: depurar inventarios y operar con equipos que puedan sostenerse técnica y documentalmente en un proceso de confiabilidad/homologación.

Esa presión ha hecho que algunos operadores —especialmente quienes tienen parque antiguo, equipos intervenidos o compras de segunda— consideren una salida peligrosa: “yo mismo homologó mis máquinas”, incluso si son de marcas reconocidas.

La primera realidad es conceptual: homologar no es “hacer que prenda” ni “ponerla a producir”. Homologar es demostrar, con evidencia verificable, que un dispositivo de juego cumple requisitos de seguridad, integridad, trazabilidad y control de software/hardware bajo estándares como GLI-11 (Gaming Devices). Ese estándar no está pensado para “arreglos de campo” ni para validar equipos sin dueño técnico: exige que el producto sea audit-able y que exista un responsable con capacidad real de entregar y responder por la plataforma.

Por eso el problema no es solo “máquinas viejas”. El punto es de titularidad y control técnico: no es viable a título personal porque el proceso requiere acceso y derechos sobre componentes críticos del sistema. Y esto aplica a decenas de modelos, inclusive modelos recientes, comprados a cualquier importador de segunda, si el comprador no recibe el paquete de evidencia y la cadena de custodia que un laboratorio necesita para validar lo que realmente está instalado.

GLI-11, en términos sencillos, pide que el equipo pueda probarse como un sistema cerrado y coherente: que el software que corre en la máquina sea identificable y auténtico; que existan mecanismos de autenticación de programas; que los componentes críticos estén protegidos contra alteración; que haya trazabilidad de eventos, contadores y metering; y que el comportamiento del juego sea consistente con su diseño. En homologación, “lo que parece” no sirve: importa lo que puede verificarse.

Ahí aparece el obstáculo central para el operador: en un proceso formal, el laboratorio necesita un “responsable de sometimiento” (submitting party) que pueda entregar documentación y pruebas, incluyendo —según el alcance— control de versiones, evidencia de construcción/compilación (witness build), y en muchos casos acceso al código fuente o a procedimientos de build.

Si el equipo fue adquirido usado, con conversiones, EPROMs sin trazabilidad, parches desconocidos, llaves no oficiales o software de terceros, el operador no tiene cómo demostrar que el binario probado es el mismo que estará en operación, ni cómo responder a observaciones técnicas del laboratorio.

La segunda barrera es jurídica: tener físicamente una máquina no equivale a ser dueño del software ni de la marca. El software de juego, sus librerías, su “platform code” y la firma de autenticidad son propiedad del titular. Sin autorización del titular (o un representante autorizado), el operador no puede legitimar medios, ni reconstruir cadena de custodia, ni “normalizar” un equipo intervenido. Si el proceso exige corregir hallazgos (algo común), solo el titular puede emitir versiones válidas, con control de cambios y documentación.

La tercera barrera es práctica: el costo y la ingeniería real. No existe una “tarifa única” por modelo porque el valor depende del alcance (plataforma, periféricos, denominaciones, jurisdicción, re-testing).

Como regla de mercado, una certificación inicial por título/plataforma suele ubicarse en rangos de USD 10.000 a USD 40.000; y cuando se trata de hardware legacy, reconstrucción documental, múltiples variantes o hallazgos que obligan re-presentación, el rango puede ir USD 25.000 a USD 75.000+ por plataforma/alcance, sin contar licencias, repuestos, ingeniería, logística, ni el costo oculto de parar operación. En equipos “de segunda” sin soporte, ese dinero se gasta igual… pero sin garantías de que el laboratorio acepte el producto.

La nueva resolución de Coljuegos® obliga a depurar inventarios y comprar solo MET´s Homologables...

Aterrizando al operador

Intentar homologar por cuenta propia termina siendo, en la mayoría de casos, un sueño vende humos.

La salida responsable es comprar equipos homologables desde el origen (con trazabilidad, documentación, titularidad clara y soporte), inclusive modelos recientes, comprados a cualquier importador de segunda no deben estar desde ya en los planes de nadie; exigir evidencias técnicas y contractuales antes de pagar, y asumir que confiabilidad es un sistema: no un favor, no un “arreglo”, no un trámite improvisado.

En resumen nadie puede homologar algo de lo que no es propietario, el laboratorio no se va a prestar para eso , la empresa dueña del software va a demandar , Coljuegos no va a aceptar certificados falsos pues debe verificarlos con el laboratorio que expidió, “Dura lex, sed lex”Coljuegos .

Preguntas juridico@mundovideo.com.co


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