En muchos casinos, la discusión comercial se concentra en “qué título comprar” o “qué promoción lanzar”. Sin embargo, cuando el CAPEX se aprieta y el piso se renueva más lento, aparece una palanca silenciosa que suele estar subutilizada: el layout. No hablamos de decoración, sino de decisiones operativas que determinan cuántas oportunidades reales tiene un juego de ser visto, probado y repetido.

Un artículo de la UNLV Gaming Research & Review Journal (Lucas & Kim, 2025) pone esa palanca en números: el operador siempre termina gestionando una mezcla de títulos altos y bajos en desempeño, y una mezcla de ubicaciones buenas y malas en el piso. La pregunta es incómoda porque parece obvia: ¿conviene poner lo “mejor” en lo “mejor” y dejar lo débil en lo difícil… o hacer lo contrario?

La respuesta del estudio es contraintuitiva y, por eso, poderosa: durante un muestrario de 120 días, el diseño que produjo una mejora estadística y económicamente significativa fue el converso: títulos de alto desempeño en ubicaciones malas y títulos de bajo desempeño en ubicaciones buenas. El incremento observado en el promedio diario de T-Win fue de 21%, y de 18% cuando se excluyó un único valor atípico.
Para aplicar esto bien, primero hay que entender qué se está midiendo. En términos prácticos, el T-Win (theoretical win) es una forma de “normalizar” el rendimiento esperado de un juego (lo que debería producir según su configuración y el volumen de juego). En control interno y auditoría del sector, la idea de “theoretical hold” se define como el porcentaje de retención esperado/intencionado calculado desde el paytable y la configuración del juego; sobre ese marco se construyen métricas teóricas para comparar desempeño sin depender únicamente del “golpe de suerte” de un periodo corto.

Ahora, ¿por qué podría funcionar “alto en malo” y “bajo en bueno”? Porque una ubicación premium hace dos cosas que el operador suele dar por sentadas: reduce fricción (el jugador llega, ve, entiende y prueba) y aumenta exposición repetida (el juego “está” en el flujo natural).
Esa exposición adicional puede ser exactamente lo que necesita un título débil para “convertirse” (probarlo y sostenerlo). A la inversa, un título fuerte suele tener más capacidad de sostener su demanda aun con menor visibilidad: no depende tanto del descubrimiento.
La clave, sin embargo, no es copiar una receta. Es copiar el enfoque: probarlo con rigor. El propio abstract del paper enfatiza que su diseño y método ofrecen una vía simple, objetiva y rigurosa para examinar la pregunta en condiciones reales.
¿Cómo se convierte esto en una estrategia práctica, sin improvisación?
- Mapee el piso como un activo medible. Defina bancos y zonas (no máquinas sueltas) y asigne una calificación por ubicación. No necesita sensores sofisticados para empezar: puede construir un “score” con variables operativas: visibilidad desde pasillos principales, cercanía a entradas/caja/barra, facilidad de acceso, iluminación, congestión, y “tiempo de permanencia” (zonas donde la gente naturalmente se detiene). Lo importante es que el criterio sea consistente y replicable.
- Clasifique juegos por desempeño con un periodo base suficiente. Use un histórico operativo razonable (por ejemplo, 60–90 días) y separe títulos “altos” y “bajos” por percentiles. Evite mezclar denominaciones o familias de juego que no compiten de forma comparable. Si la sala tiene varios segmentos (alto valor vs recreativo), clasifique dentro de cada segmento para no distorsionar.
- Diseñe una prueba por pares, no un “reacomodo general”. El estudio usa una lógica de comparación controlada (paired design). En operación, eso significa: elegir bancos comparables, elegir títulos comparables, y probar dos configuraciones opuestas con tiempos equivalentes. La regla de oro: cambie una sola cosa a la vez (la combinación ubicación–popularidad), manteniendo constantes el resto de condiciones: señalización, límites, promociones, y configuración del juego.
- Defina duración y ventanas limpias. El paper reporta resultados sobre 120 días, lo cual sugiere que estos efectos no se detectan bien con “semanas sueltas”. En su sala, si no puede ir a 120 días, al menos evite periodos contaminados por eventos extraordinarios (festivos, conciertos, torneos) que distorsionen el tráfico. Lo esencial es que cada configuración tenga suficiente tiempo para estabilizarse.
- Mida, explique outliers y documente decisiones. El estudio muestra un punto crucial de disciplina: al retirar un valor atípico, el efecto baja de 21% a 18%. Eso enseña dos cosas: (i) un outlier puede inflar o hundir una lectura; (ii) no se trata de “borrarlo”, sino de investigarlo (¿hubo jackpot grande?, ¿caída técnica?, ¿cambio de denominación?, ¿promoción puntual?) y decidir una regla consistente para tratarlo.
- Conviértalo en un ciclo trimestral de optimización. Si el resultado favorece la estrategia “conversa”, no significa que deba dejar todo fijo. Significa que ahora tiene una herramienta para gestionar el piso como portafolio: elevar títulos débiles con ubicaciones premium, rotar pruebas en bancos estratégicos y documentar qué funciona por segmento de cliente.
Cuando este enfoque se aplica con disciplina, suele sentirse imbatible porque no depende de comprar más: depende de decidir mejor. Y, en términos de gestión, eso suele acercar al operador a una inversión segura: menos intuición, más evidencia, más control del rendimiento diario.



























